El sol y la playa es uno de los atractivos siempre vinculados a España. De hecho, es un producto que el sector del turismo ha sabido explotar desde los años sesenta y setenta, cuando se produjo el boom y las costas se llenaron de europeos que buscaban y buscan un clima suave y cálido en el litoral levantino, en las islas Baleares y Canarias y, por supuesto, la Costa del Sol. La amplia oferta hotelera suele ser la opción escogida por muchos turistas para disfrutar de sus vacaciones, pero otros muchos prefieren escoger una vivienda vacacional, que bien pudiera servir como inversión y rentabilizarla, o para ser una segunda residencia a la que ir cuando quisieran. El segmento vacacional siempre ha sido un valor interesante para el mercado inmobiliario, aunque a lo largo de su historia ha vivido diferentes ciclos de subidas y bajadas.

Tras la última crisis económica, la demanda de vivienda en España descendió considerablemente, pero la extranjera se mantuvo. Esto favoreció que las zonas más consolidadas en el mundo inmobiliario no se vieran tan afectadas por la recesión. Ingleses, franceses y alemanes continuaban llegando a España, pues era y es un sitio idóneo para comprar una vivienda y retirarse en la jubilación o para pasar largas temporadas en verano o en otras épocas del año. En 2015, el sector empieza a recuperarse, y los compradores autóctonos volvieron a incrementarse. A todos ellos, se unieron los inversores que buscaban comprar una casa para obtener rentabilidad económica, algo fácil de encontrar en toda la costa mediterránea. El clima, la oferta hostelera y los servicios en general de zonas como la Costa del Sol hace muy atractiva la llegada de clientes de todo tipo.

Según el Instituto de Valoraciones, la rentabilidad obtenida por una vivienda alquilada en Málaga subió un 6,6% en 2017, mientras que, en la Costa Blanca, con Alicante a la cabeza, el dato se situó entre el 6% y el 7%. A pesar de estos crecimientos, Fernando Vigueras, director técnico de dicha entidad, los niveles aún se encuentran lejos de los años del boom inmobiliario. Por su parte, cabe destacar que la crisis no impactó de la misma forma en todas las zonas. En las más localizadas hacia el interior, menos consolidadas quizá, la bajada de precios en la vivienda llegó a un 60%. Castellón, Murcia y Almería son las zonas que más acusaron este descenso. Apuntan que las razones de que estas provincias no cumplieran las expectativas fueron la obsolescencia, pues las casas se habían quedado anticuadas en calidades y dotación de servicios, como pudiera ser una piscina. Además, muchas de ellas no se encontraban en primera línea de playa, algo muy reclamado por los compradores, tanto españoles como internacionales.

El Instituto de Valoraciones, basándose en los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), señala que Barcelona, Málaga, Alicante y Valencia se situaron el pasado verano, después de Madrid, como las provincias preferidas por los españoles para adquirir una vivienda. El peso de las transacciones de residencias vacacionales en el conjunto del sector supuso alrededor de un 30% de las más de 520000 operaciones realizadas el pasado año, según los datos del Ministerio de Fomento.

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